La voz del enunciador y la construcción de la objetividad en la escritura académica

Descripción de la publicación

ESCRITURA ACADÉMICANORMAS APA

Osvaldo F. Fernández

6/25/20267 min read

La escritura académica como práctica de posicionamiento discursivo

Como venimos mencionando en varios artículos de este blog, escritura académica no se limita a la adquisición de contenidos teóricos ni al aprendizaje de procedimientos metodológicos. Implica, además, la incorporación de modos específicos de producir conocimiento y de participar en una comunidad científica. En este proceso, la escritura constituye el espacio donde el investigador construye su identidad discursiva, proyecta una determinada imagen de sí mismo y establece una relación particular con sus lectores.

La redacción académica no funciona solo como un canal neutro destinado a transmitir conocimientos previamente elaborados. Cada decisión lingüística contribuye a configurar una determinada representación de la realidad, del autor y de la comunidad científica a la que se dirige el texto. Por esta razón, las formas de enunciación adoptadas en una tesis, un artículo o un informe de investigación poseen una dimensión epistemológica y retórica inseparable de la producción del conocimiento.

El investigador en formación debe comprender que la ciencia no constituye un conjunto definitivo de verdades inmutables. Se trata de una construcción humana caracterizada por su carácter falible, provisional, controversial y situado. Esta condición obliga a desarrollar una actitud crítica frente al conocimiento existente y a asumir progresivamente una posición de productor de conocimiento antes que de mero consumidor o repetidor de ideas ajenas.

La escritura desempeña un papel decisivo en este tránsito. A través de la elaboración, revisión y reescritura de los textos, se ponen de manifiesto vacíos conceptuales, contradicciones argumentativas y debilidades metodológicas que no siempre resultan evidentes durante las etapas iniciales de la investigación. De este modo, escribir se convierte en una actividad de reflexión y construcción del conocimiento.

La construcción discursiva de la objetividad

Uno de los rasgos más característicos de la escritura académica es la búsqueda de objetividad. Sin embargo, la objetividad no constituye una propiedad inherente al lenguaje ni una consecuencia automática del empleo de determinados recursos gramaticales. Se trata, más bien, de un efecto discursivo construido mediante convenciones históricamente consolidadas dentro de las comunidades científicas.

La tradición académica occidental ha privilegiado un modelo de escritura que procura presentar el conocimiento como universal, racional e independiente de la subjetividad de quien lo produce. Este modelo se apoya en lo que diversos autores denominan discurso de transparencia, es decir, una modalidad de escritura que intenta hacer desaparecer al autor de la superficie textual para que la atención se concentre exclusivamente en los hechos, los datos y los argumentos.

La construcción de esta apariencia de neutralidad se logra mediante diversas estrategias lingüísticas. Entre las más frecuentes se encuentran la utilización de formas impersonales, las nominalizaciones, la voz pasiva y otros procedimientos que reducen la visibilidad del sujeto que realiza las acciones.

Estas convenciones responden a una concepción según la cual el investigador debe observar la realidad con el mayor grado posible de distancia analítica. Aunque actualmente se reconoce que toda producción de conocimiento está condicionada por factores históricos, teóricos e institucionales, la escritura académica continúa privilegiando formas de enunciación que minimizan la presencia explícita del autor.

El enunciador y la construcción del ethos académico

Desde una perspectiva discursiva, resulta necesario distinguir entre la persona real que escribe y la figura que emerge dentro del texto. El investigador empírico y el enunciador no constituyen entidades equivalentes. El enunciador es una construcción discursiva que se configura progresivamente mediante las elecciones lingüísticas realizadas a lo largo del texto. Esta figura constituye la base del ethos académico, entendido como la imagen de autoridad, credibilidad y competencia que el autor proyecta ante sus lectores.

La eficacia de este ethos no depende de declaraciones explícitas acerca de la propia capacidad intelectual, honestidad o rigor metodológico. Por el contrario, estas cualidades deben inferirse a partir de la organización argumentativa, la precisión conceptual, la calidad de las evidencias presentadas y el dominio de las convenciones propias del género académico.

En consecuencia, el investigador debe construir la imagen de un observador objetivo, racional y moderado. Objetivo, porque fundamenta sus afirmaciones en datos y argumentos verificables. Racional, porque establece relaciones lógicas explícitas entre premisas y conclusiones. Moderado, porque evita las afirmaciones categóricas injustificadas y reconoce los límites de sus resultados. La consolidación de este posicionamiento discursivo constituye uno de los desafíos centrales de la escritura de tesis y trabajos de investigación.

Estrategias de despersonalización discursiva

La despersonalización representa uno de los mecanismos más extendidos para proyectar objetividad y distancia analítica. Su finalidad consiste en desplazar la atención desde el investigador hacia los procedimientos, los datos o los resultados de la investigación.

Una de las estrategias más frecuentes es el empleo de construcciones impersonales con «se». Estas estructuras permiten describir acciones sin identificar de manera explícita a quien las ejecuta. Expresiones como «se analizarán los datos», «se aplicó un cuestionario» o «se observaron las clases» constituyen ejemplos habituales de este procedimiento.

Otra posibilidad consiste en recurrir a sujetos desagentivados. En estos casos, la investigación, el estudio o alguna de sus etapas aparecen como sujetos gramaticales de la oración. Así, en lugar de escribir «el investigador recolectó los datos», se emplean formulaciones como «la investigación contempla la recolección de datos» o «el estudio analiza las variables seleccionadas».

La voz pasiva constituye un recurso adicional para disminuir la presencia del investigador. Mediante expresiones como «las entrevistas fueron grabadas» o «los datos fueron procesados», la atención se desplaza hacia la acción realizada y no hacia quien la ejecuta.

Estos procedimientos contribuyen a construir una imagen de neutralidad científica. No obstante, su utilización excesiva puede generar textos artificiales, repetitivos o difíciles de leer. Por ello, la elección de cada recurso debe responder a criterios de claridad y eficacia comunicativa.

La primera persona plural y la tradición académica

La cuestión de la persona gramatical constituye uno de los aspectos más debatidos en la escritura académica. Tradicionalmente, la cultura científica hispanohablante ha mostrado una marcada preferencia por el uso de la primera persona del plural incluso en trabajos elaborados por un único autor.

Este uso del «nosotros» cumple diversas funciones retóricas. Por una parte, permite integrar simbólicamente al investigador dentro de una comunidad científica más amplia. Por otra, atenúa la exposición individual del autor y presenta las afirmaciones como parte de un esfuerzo colectivo de construcción del conocimiento.

Expresiones como «consideramos», «observamos» o «podemos afirmar» han sido frecuentes en numerosas disciplinas académicas. Estas formulaciones contribuyen a construir una imagen de modestia intelectual y a evitar la impresión de excesiva subjetividad asociada a la primera persona singular.

Sin embargo, las tradiciones académicas contemporáneas muestran diferencias importantes respecto de esta práctica. Mientras algunos modelos mantienen la aceptación de la primera persona plural, otros privilegian formas más impersonales y restringen considerablemente su utilización.

La perspectiva normativa y el modelo APA

En determinados ámbitos académicos, especialmente aquellos influenciados por las tradiciones anglosajonas, la objetividad se asocia con una reducción más estricta de la presencia del autor en el texto.

Desde esta perspectiva, la utilización sistemática de la primera persona puede interpretarse como una forma de influencia retórica que orienta al lector hacia las conclusiones del investigador. En consecuencia, se favorecen estructuras impersonales que permitan evaluar las evidencias presentadas con independencia de quien las expone.

Este enfoque procura garantizar que los resultados sean valorados por la solidez de sus fundamentos empíricos y no por la autoridad personal del investigador. La despersonalización se convierte así en una estrategia destinada a reforzar la autonomía del juicio crítico del lector.

No obstante, la aplicación de estas convenciones debe realizarse de manera flexible y contextualizada. Las prácticas efectivas de escritura varían según las disciplinas, las instituciones, las tradiciones nacionales y los requisitos específicos de cada programa académico.

Modalización y construcción de la postura académica

La reducción de la presencia explícita del autor no implica la desaparición de toda forma de posicionamiento. Todo texto académico expresa una perspectiva particular sobre su objeto de estudio y desarrolla una determinada orientación argumentativa.

Para manifestar valoraciones, interpretaciones o grados de certeza sin recurrir a la primera persona, la escritura académica dispone de diversos recursos de modalidad. Expresiones como «cabe destacar», «es necesario señalar», «resulta pertinente considerar» o «puede observarse» permiten introducir evaluaciones y comentarios manteniendo una apariencia de objetividad.

Del mismo modo, los atenuadores desempeñan una función fundamental en la argumentación científica. Formulaciones como «los resultados sugieren», «parece indicar» o «podría interpretarse» permiten presentar conclusiones de manera prudente, reconociendo los límites inherentes a toda investigación.

Estos mecanismos cumplen una función retórica esencial. Facilitan la negociación de significados con la audiencia, anticipan posibles objeciones y evitan la construcción de un discurso excesivamente categórico o dogmático.

La conciencia retórica y el tránsito hacia la autoría académica

El desarrollo de una tesis exige una transformación profunda de la identidad discursiva del investigador. Este proceso supone abandonar progresivamente la posición de estudiante que reproduce conocimientos ajenos para asumir el papel de autor capaz de formular aportes propios.

La consolidación de esta nueva posición requiere el desarrollo de una conciencia retórica. Esta capacidad permite analizar críticamente las propias decisiones discursivas, evaluar sus efectos sobre los lectores y ajustar la escritura a las expectativas de la comunidad científica.

En este contexto, el tesista debe aprender a construir un ethos de especialista, a representar adecuadamente a sus destinatarios y a organizar sus argumentos de acuerdo con las convenciones del género académico. La autoridad no surge de la jerarquía institucional ni de afirmaciones explícitas sobre la propia competencia, sino de la calidad del razonamiento y del dominio de las prácticas discursivas de la disciplina.

La escritura académica constituye, en consecuencia, un proceso de formación intelectual y profesional. A través de ella, el investigador adquiere la capacidad de participar activamente en los debates de su campo, someter críticamente a examen los conocimientos establecidos y construir una voz propia reconocible dentro de la comunidad científica.

Consideraciones finales

La elección de la voz del enunciador constituye una decisión estratégica que influye de manera directa en la construcción de la objetividad, la credibilidad y la identidad académica. Las formas impersonales, la tercera persona, la primera persona plural y los recursos de modalización representan alternativas disponibles para gestionar la relación entre el autor, el conocimiento producido y la audiencia especializada.

Más allá de las diferencias normativas existentes entre tradiciones académicas, todas estas convenciones persiguen un objetivo común: garantizar que la producción científica sea evaluada por la solidez de sus argumentos y evidencias. Comprender el funcionamiento de estos mecanismos permite al investigador utilizar la escritura de manera consciente y eficaz, fortaleciendo tanto la calidad de sus textos como su posicionamiento dentro de la comunidad académica.

Bibliografía

Carlino, P. (2005). Escribir, leer y aprender en la universidad: Una introducción a la alfabetización académica. Fondo de Cultura Económica.

Carlino, P. (2005). La experiencia de escribir una tesis: contextos que la vuelven más difícil. Anales del Instituto de Lingüística, XXIV, 41-62.

Gómez Belart, N. (2025). Metodología y redacción de trabajos monográficos [Material de curso]. CAL Correctología y Asesoramiento Lingüístico.

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